Angélica, cuando te nombro,
me vuelven a la memoria
un valle, pálida luna
en la noche de abril,
y aquel pueblito de Córdoba.
un valle, pálida luna
en la noche de abril,
y aquel pueblito de Córdoba.
Si un águila fue tu cariño,
paloma mi pobre alma;
temblando, mi corazón
en tus garras sangró
y no le tuviste lástima.
temblando, mi corazón
en tus garras sangró
y no le tuviste lástima.
No olvidaré cuando en tu Córdoba te vi
y tu clavel bajo los árboles robé,
Mis brazos fueron tu nido; tu velo: la luz
de la luna entre los álamos.
Mis brazos fueron tu nido; tu velo: la luz
de la luna entre los álamos.
Tus párpados, si por instantes
te vuelven los ojos mansos,
recuerdan, cuando en el cielo de pronto se ve
que nace y muere un relámpago.
recuerdan, cuando en el cielo de pronto se ve
que nace y muere un relámpago.
La sábana, que sobre el suela
se tiende cuando la escarcha,
no es blanca como la tímida flor de tu piel,
ni fría como tus lágrimas.
no es blanca como la tímida flor de tu piel,
ni fría como tus lágrimas.
compositores: Roberto Cambare
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